Ni siquiera se merece que escriba sobre ello, sin embargo
le quiero.
Aunque ni me acuerde. Ni sea otra cosa en la que piense.
Nunca he aprendido de ninguna bofetada y sé que no aprenderé de esta.
Pero me estoy acostumbrando a tener dos caras:
la de la persona que me gustaría mantener ser por la noche,
y
la que la noche me envenena.
Son tantas las lágrimas que ni me creo débil,
tan sólo quebrada.
Por la vida, la experiencia y
sus memorias en mi cabeza.
Pero hombres siguen pasando por mi cama,
suma y sigue
y ninguno
a su recuerdo le resta importancia.
Les echo
y a ninguno
les vuelvo a coger las llamadas.
Supongo que es porque ya no me da la gana fingir que soy feliz
al lado de una cara extraña.
Me olvido de haber sido engañada una y otra vez,
por mí misma.
Me olvido que le odio,
me olvido que me quiero.
Pero no soy capaz de olvidarme de nosotros.
Aunque
nosotros
vuelva a ser otra mentira.
Toda noche esconde el secreto que amarra la locura al descubierto. Pero ten pasión, lujuria, alcohol descontrolado y mostrarás el ser sumamente humano que mañana puede que cueste aceptar. Pero joder, ¿y qué más da?
ResponderEliminarSi son esos momentos donde verdaderamente vivimos. Aunque queremos mentirnos con que es mejor hundirnos con las manos atadas siguiendo a una multitud sumamente deshumanizada.
Vaya un texto el tuyo Alex! Me gusta. Deberías pensar en escribir, que siempre viene bien tener una excusa para posponer algún taller de Encarna...
Me alegra verte por aquí. Saludos!